Hay peregrinos que gozan cada kilómetro con la mochila a la espalda y otros que combinan camino y vehículo para no convertir el viaje en una prueba de resistencia. En el Camino de la ciudad de Santiago, llamar a un taxi no traiciona el espíritu del peregrinaje. Puede ser la diferencia entre abandonar por una lesión o llegar con una sonrisa a la plaza del Obradoiro. Tras años coordinando etapas y recogidas en pueblos donde el bus pasa una vez al día, he visto cómo un buen servicio de taxi resuelve situaciones específicas sin restarle autenticidad a la experiencia.
No todo el Camino son etapas perfectas
Las guías prometen perfiles suaves, pero la realidad cambia con la meteorología, la temporada y el estado físico. Un tramo inundado entre Sobrado y Arzúa, una ola de calor en la Meseta, una ampolla mal gestionada al salir de Portomarín. En esas circunstancias, entender las ventajas de llamar a un taxi marca el ritmo del resto del viaje. La clave se encuentra en usarlo como apoyo táctico, no como sustituto total del Camino. Saltar siete u ocho quilómetros de asfalto por la N-547 para conservarte para el tramo frondoso del día después es un caso realista. Del mismo modo, reservar un taxi para un transfer corto cuando te alojas en una casa rural a 4 quilómetros del trazado oficial evita comenzar el día sumando desvíos superfluos.
Beneficios prácticos que se aprecian desde el primer día
El primordial valor es la flexibilidad. El Camino obliga a amoldarse a horarios de cobijes, comidas y sellos, mientras que el taxi se ajusta a tu agenda, incluso si cambias de plan a última hora. Cuando se viaja en grupo con ritmos diferentes, esta flexibilidad reduce fricciones. Dos personas pueden avanzar hasta el próximo pueblo mientras otras dos llaman a un taxi para salvar un puerto que empeoraría una rodilla delicada. Reenganchar al conjunto más tarde se vuelve sencillo.
El segundo beneficio es el ahorro de energía útil. No hablo de comodidad por capricho, sino de gestionar recursos. Si llevas 5 etapas y notas sobrecarga en el ligamento de Aquiles, saltarte la última hora sobre alquitrán puede evitar una tendinitis que te saque del Camino. He visto peregrinos que se empeñaron en completar todo a pie, solo para quedarse atrapados un par de días en Zapas de Rei con hielo en el tobillo. Quienes eligieron un traslado corto prosiguieron sumando sellos al día siguiente.
La tercera ventaja es la cobertura de logística fina. En muchos trayectos, las opciones mejores de alojamiento o restauración están fuera de la senda primordial. Si llegas a Sarria en un tren nocturno y el albergue que te interesa cierra recepción a las 22:00, un taxi soluciona la llegada sin peligros. Lo mismo ocurre con traslados en taxi al aeropuerto al finalizar en Santiago: los vuelos tempranos no casan bien con buses que arrancan a las 7:00. Un taxi a Lavacolla a las 5:30 evita carreras, en especial si llevas credencial y conchas como equipaje frágil.
Cuándo tiene más sentido buscar un taxi
No todos y cada uno de los tramos se benefician por igual de la asistencia. La Meseta castellana ofrece horizontes amplios y caminos alcanzables, mas las distancias entre pueblos pueden superar los diez kilómetros sin sombra ni fuentes. Si estás en el mes de julio y el termómetro marca treinta y cinco grados a mediodía, convenir un pick-up a las 13:00 reduce el peligro de cuajo de calor. En el Camino Primitivo, con etapas técnicas y desequilibres fuertes, el taxi se transforma en red de seguridad para saltar bajadas pedregosas cuando llovizna, sin renunciar a los tramos de bosque que muchos consideran lo mejor de esa ruta.
En zonas con transporte público escaso, como pequeños núcleos de la Vía de la Plata, la posibilidad de contratar un taxi cerca de mí ahorra esperas de dos o 3 horas. En la costa del Camino del Norte, la época alta concentra peregrinos y agota plazas. Un taxi facilita desvíos a alojamientos alternativos, incluso a localidades donde haya lavandería o servicio de masajes, para poner a punto el cuerpo para la siguiente jornada.

Cómo contratar bien: del taxi on-line al “boca a boca” del Camino
A la hora de buscar un taxi, resulta conveniente conjuntar dos vías. Por un lado, el planeta digital. Reservar taxi on line ofrece confirmación por escrito, trazabilidad del conductor y la posibilidad de fijar costos por recorrido, algo útil si la cobertura es mala y no quieres negociar por teléfono desde un arcén. Muchas centrales dejan enviar tu ubicación GPS y notas como “mochilas voluminosas” o “necesitamos pago con tarjeta”.
Por otro lado, el Camino funciona mucho con recomendaciones locales. Los hospitaleros conocen a los taxistas que de veras trabajan con peregrinos. Suelen tener tarjetas en recepción con números directos y horarios reales. La diferencia es notable. Un taxi “de pueblo” que sabe dónde se encuentra la fuente de San Xoán o la pista de entrada alternativa a O Cebreiro ahorra tiempo y rodeos. Además de esto, están habituados a esperas cortas si te retrasas por un sellado o por un café que se prolonga.
En caso de estimar contratar un taxi cerca de mí sobre la marcha, las apps y mapas cumplen, aunque resulta conveniente filtrar por recensiones que mencionen “Camino”, “peregrino” o “mochila”. Señalan experiencia en recogidas en puntos no urbanos, como cruces rurales sin número de portal.
Costes y expectativas realistas
Los precios varían por provincia y demanda. En Galicia, un traslado de ocho a doce kilómetros acostumbra a moverse en un rango de doce a 20 euros en poblaciones medianas, algo más en festivos o de noche. En tramos remotos, el taxi cobra desde el instante en que sale a procurarte, por lo que un recorrido de 6 quilómetros puede valer como uno de 15 si el conductor recorre distancia en vacío. Es conveniente preguntarlo antes de confirmar. Si viajas en grupo de 3 o cuatro, el costo por persona se vuelve atrayente en comparación con un bus infrecuente o la pérdida de una reserva por llegar tarde.
La puntualidad depende de la hora y del calendario festivo. En el mes de agosto o en Semana Santa, los taxis trabajan al límite. Avisar con antelación, incluso la tarde previa, reduce tensiones. Si acuerdas recogida en un punto específico del trazado, comparte una referencia visual: “área recreativa con merendero de madera”, “ermita al lado del cruceiro”. En caminos boscosos, la cobertura falla y el taxista agradecerá la precisión.
Casos típicos donde un taxi salva el día
Una etapa mojada desde Melide puede terminar con calcetines empapados y zapas sin secar. Un traslado corto al alojamiento evita ampollas por rozadura alargada. Quien aterriza en A Coruña con equipaje que no llegó a tiempo puede cuadrar un desvío veloz para recogerlo al día siguiente sin reconfigurar la etapa completa. Peregrinos con alergia estacional severa prefieren saltar pistas agrícolas en plena trilla para eludir irritaciones. Parejas que viajan con can en ocasiones requieren vehículos que admitan mascotas, y los taxis acostumbrados al Camino suelen traer funda para asiento y agua, un detalle que no es anecdótico.
Para traslados en el camino de Santiago que enlazan distintas sendas, por servirnos de un ejemplo, venir del Camino Inglés y continuar por el Francés, un taxi entre Mesón do Vento y Arzúa simplifica lo que en bus exigiría transbordos y esperas. En urbes como León, Burgos o Logroño, muchos aprovechan para visitar casco histórico con zapatillas secándose en la pensión. Un taxi corto asegura regresar al albergue antes del cierre sin empujar el ritmo.
Aeropuertos y enlaces: cuando el reloj manda
Los traslados en taxi al aeropuerto son una pieza clave si empiezas o terminas el Camino con horario ajustado. Desde el centro de Santiago a Lavacolla, el tiempo frecuente ronda 20 a 25 minutos conforme tráfico. Madrugadas y domingos suman fluidez; días de lluvia y entrada de peregrinos a media tarde, menos. En Oporto, popular entre quienes hacen el Camino Portugués, la franja de 5:00 a 7:00 exige reserva la víspera para evitar esperas. Taxi y mochila grande no se pelean, mas si llevas equipaje extra con bordón o bicicleta plegable, comunícalo. Algunos taxistas emplean monovolúmenes que encajan mejor esas cargas.
Si acabas en Fisterra o Muxía, donde el transporte público es más esporádico, el taxi soluciona el enlace de vuelta a Santiago cuando quieres apurar la puesta de sol. Quienes prefieren no correr tras el último bus agradecen esa libertad.
Seguridad y salud: prevenir antes que curar
Peregrinar no es un deporte extremo, pero la combinación de etapa larga, sol y mochila abre la puerta a hipoglucemias, caídas tontas y deshidrataciones. Llamar a un taxi en el momento en que te notas mareado no es “hacer trampa”, es buena gestión del riesgo. Un ejemplo frecuente: alguien se sienta a estirar en una cuneta, se levanta demasiado veloz, le baja la tensión y se marea. Insistir en seguir a pie por orgullo es una mala idea. En 15 minutos, el taxi te deja en el centro médico o en el alojamiento para recobrarte.
También cuenta la seguridad en cruces y arcenes. Ciertos accesos a ciudades obligan a pisar asfalto con tráfico espeso. En días de lluvia fuerte, un taxi suprime esa exposición. Esto se vuelve relevante si viajas con menores o con un familiar mayor que ya ha cumplido su objetivo de kilómetros ese día.
Ética peregrina y uso responsable del taxi
Siempre hay discute sobre la pureza del Camino. La credencial y la Compostela establecen requisitos mínimos de distancia a pie o en bicicleta en los últimos 100 o 200 kilómetros respectivamente. Emplear un taxi en esos márgenes no afecta al reconocimiento si respetas las distancias a pie que exige la Catedral. La sinceridad consigo y con la Oficina del Peregrino es lo que cuenta. Si empleas un taxi para saltar un tramo, no solicites sello de un sitio por el que no pasaste. Guarda los sellos de los sitios donde realmente estuviste, y, si lo prefieres, anota en la credencial la razón de un traslado, por servirnos de un ejemplo “lesión leve, etapa parcial”. Las personas que sellan han visto de todo y aprecian la sinceridad.
Tecnología que ayuda sin complicar
Un móvil inteligente con batería y datos es suficiente para buscar un taxi. Aun así, el Camino tiene zonas ciegas. Descarga mapas para uso offline y guarda, en notas, teléfonos de taxis de las próximas tres localidades. Muchos peregrinos usan un procedimiento simple: al llegar al albergue, piden una lista de contactos y sacan fotografía. Sirve aun si pierdes cobertura. Si prefieres taxi online, comprueba si la plataforma manda SMS de respaldo para confirmar reservas, por si la app no carga al instante de la recogida. Y no des por sentado que el pago con tarjeta estará libre. Aunque poco a poco más taxistas admiten TPV, prosigue habiendo quien trabaja solo con efectivo en núcleos pequeños. Llevar 20 a cincuenta euros en billetes pequeños evita búsquedas de cajeros.
Cómo explicar bien dónde estás
El Camino está repleto de referencias con encanto y poca utilidad para el conductor que no es peregrino. Decir “estoy por el bosque después de una fuente” no ayuda. Describe jalones concretos: kilómetro señalado en un poste, nombre de un bar, capilla, área de reposo con mesas, puente con placa. Si hay un cruce con carretera, señala el número: “junto a la AC-quinientos cuarenta y siete, salida cara A Brea”. https://taxirivasarzua.com/contacto/ Expedir una localización por WhatsApp o por enlace de mapas acelera la recogida. Si prevés moverte durante la espera, coméntalo: “camino hacia el bar de O’Pino, voy a tardar 10 minutos”. El taxista puede proponerte un punto de encuentro más fácil, como la plaza o el consultorio médico del pueblo.
Sostenibilidad y sentido común
El Camino atrae exactamente por su vínculo con el ambiente. Introducir taxis sin criterio sería un contrasentido. El uso razonable pasa por compartir cuando sea viable y eludir recorridos superfluos. Si sois 4 peregrinos en albergue y tres necesitan traslado, invitad al cuarto si el destino coincide. Menos viajes, menor impacto. Escoger empresas locales también reparte mejor el beneficio económico en la senda. Un taxista de Arzúa reinvierte en su comunidad, patrocina la escuela de fútbol o colabora con fiestas patronales. Ese retorno es parte integrante de la red que sostiene el Camino.
Señales de un buen servicio y de uno a evitar
Hay detalles que distinguen a quien comprende las necesidades del peregrino. La comunicación clara por teléfono o mensaje, la capacidad de dar opciones alternativas cuando un punto de recogida es confuso, la familiaridad con horarios de cobijes y sellos, y la disposición a asistir con mochilas húmedas sin poner mala cara. En el extremo contrario, evita servicios que prometen llegar “en 5 minutos” sin conocer la zona o que no explican tarifas. Si notas prisas por cerrar sin resolver tus preguntas, busca otra opción. El “boca a boca” del Camino penaliza la falta de profesionalidad y premia a quien cumple.
Pequeñas tácticas que marcan diferencia
Preparar una mini estrategia para el día siguiente toma 5 minutos y ahorra considerablemente más. Examina el perfil de la etapa y detecta los tramos que vas a pasar en horas de calor. Si ahí hay asfalto o exposición, considera un traslado parcial, si bien no lo uses al final. Tener el número a mano ya te da calma. Si vas con un conjunto, acordad un punto de rencuentro concreto por si alguien decide recurrir al taxi, por ejemplo la iglesia del pueblo donde pensáis comer. Con eso eludes llamadas cruzadas y esperas.
Reserva traslados en taxi al aeropuerto la tarde anterior si tu vuelo sale ya antes de las 9:00. Si dependes de buses con horarios rígidos, un madrugón puede convertirse en carrera con mochila. Un taxi pactado te deja dormir un poco más y desayunar sin prisas.
Pequeño checklist para contratar un taxi sin contratiempos
- Confirma coste aproximado, si incluye salida desde base y recargos nocturnos o festivos. Comparte punto de recogida con referencia física y, si puedes, localización por link. Avisa si llevas equipaje voluminoso, mascota o necesitas pago con tarjeta. Guarda el contacto del conductor por si cambias de plan en ruta. Ten efectivo por si el TPV no funciona o no hay cobertura.
Dónde y cómo localizar “taxi cerca de mí” en el Camino
La busca puede ser tan simple como escribir “taxi cerca de mí” en el móvil y llamar a la primera referencia con recensiones recientes. Sin embargo, en pueblos pequeños, el mejor camino sigue siendo la barra del bar o la recepción del albergue. En Samos, por servirnos de un ejemplo, el bar de la plaza conoce a los dos o tres conductores libres y te dirán quién está de guarda esa tarde. En Arca, los hospitaleros saben cuál de los taxistas trabaja hasta medianoche y cuál acaba temprano. Esta red informal supera en muchas ocasiones a los agregadores, por el hecho de que recoge cambios de última hora bastante difíciles de reflejar online.
Para quien prefiere taxi en línea, algunas plataformas dejan programar recogidas, un valor añadido cuando tienes hora de fisioterapia o visita a la Catedral. Recuerda que, fuera de núcleos urbanos, las ventanas de recogida son más extensas y el margen razonable de espera puede ser de diez a 20 minutos, sobre todo si el taxista viene de otra localidad.
¿Resta experiencia o la cuida?
El Camino no es una carrera contra nadie. Es una sucesión de resoluciones pequeñas que, sumadas, edifican tu experiencia. Llamar a un taxi cuando lo necesitas cuida esa experiencia. Permite que te detengas en el monasterio que querías ver sin arrastrar cansancio inútil, que pruebes esa empanada de un horno perdido, que compartas sobremesa con otros peregrinos en vez de perseguir el reloj. Asimismo te deja margen para improvisar, que es uno de los lujos del Camino. Un amanecer increíble invita a salir antes, una sobremesa alegre invita a quedarse un tanto más. Con un taxi en la recámara, no dependes de un solo plan.
Palabras finales desde la experiencia
He acompañado a peregrinos que comenzaron incrédulos y terminaron agradeciendo esa herramienta táctica. Quien arrastraba dolor en la cintilla ilotibial llegó entero por el hecho de que evitó tres bajadas violentas. Quien perdía su vuelo hacia Barna, lo cogió a tiempo gracias a un traslado ágil a Lavacolla. Quien quería compartir la última etapa con su madre, lo hizo pues un taxi acercó a la familia a un punto intermedio accesible. Ese es el fondo del asunto: emplear recursos para multiplicar las posibilidades, no para substituir el Camino.
Si hoy te propones buscar un taxi, hazlo con criterio. Valora costos, impacto y necesidad, pide consejo local, y escoge la solución que conserve tu energía para lo esencial: pasear cuando toca, detenerte cuando lo merece, y llegar a Santiago con la sensación de haber hecho tu Camino, no el de nadie más.